
La historia
En 1781 el pintor francés Jacques-Louis David, recién llegado de Roma, presentó en París el retrato a tamaño natural de un joven noble polaco que sujeta un caballo encabritado. El retratado es Stanisław Kostka Potocki, de 26 años, coleccionista y entusiasta arquitecto aficionado. El lienzo, de más de tres metros de alto, es hoy el cuadro más conocido del palacio que él llegaría a poseer y figura entre las pinturas más valiosas de los museos polacos.
El palacio se construyó a partir de 1677 como residencia de verano del rey Juan III Sobieski, recordado sobre todo por liberar Viena del asedio otomano de 1683. Su arquitecto, Augustyn Locci, fundió la villa italiana con la casa señorial polaca, y las esculturas y relieves de las fachadas celebran las victorias del rey. Tras Sobieski, la casa pasó por grandes familias, entre ellas las de Elżbieta Sieniawska e Izabela Lubomirska, hasta que Potocki se hizo con ella en 1799. En 1805 abrió una parte a los visitantes, con pinturas y recuerdos de Sobieski, y así nació uno de los primeros museos públicos de Polonia.
Durante la Segunda Guerra Mundial las tropas alemanas dañaron el palacio y se llevaron buena parte de la colección. Se salvó de la destrucción que siguió al Levantamiento de Varsovia de 1944, la mayoría de las obras sustraídas se recuperaron y el museo reabrió en 1962. Hoy el recorrido atraviesa los aposentos del rey y de la reina, bajo techos pintados en el siglo XVII, hasta el jardín barroco que desciende hacia el lago.
