
La historia
Tres de los cuadros de altar de esta iglesia conventual de Valladolid son de Francisco de Goya, que los pintó en 1787, con poco más de cuarenta años. El rey Carlos III había costeado la reconstrucción de la casa de las monjas cistercienses de San Joaquín y Santa Ana, y la nueva iglesia neoclásica, levantada según el proyecto de Francesco Sabatini, el arquitecto real de origen italiano, se inauguró ese mismo año. Los lienzos de Goya cuelgan en altares laterales junto a obras de su cuñado, el pintor Ramón Bayeu. Representan el tránsito de san José, a san Bernardo de Claraval curando a un tullido y a santa Lutgarda, mística cisterciense medieval, en oración.
Desde 1978 una parte del monasterio funciona como museo de arte sacro. Entre sus esculturas figuran un Cristo yacente de Gregorio Fernández, el gran imaginero barroco de Valladolid, y una Dolorosa de Pedro de Mena.


