
La historia
Quien entra en esta capilla mira primero dos sepulcros de mármol blanco con figuras yacentes, una junto a otra. Los cuerpos están debajo, bajando una escalera estrecha, en una cripta con cinco sencillos ataúdes de plomo marcados solo con iniciales. Dos de ellos pertenecen a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos, que en 1492 tomaron Granada, el último reino musulmán de la península, y eligieron la ciudad conquistada como lugar de enterramiento.
La capilla se levantó entre 1505 y 1517 bajo la dirección del arquitecto Enrique Egas, en el gótico tardío que en España lleva el nombre de la propia Isabel. El escultor florentino Domenico Fancelli labró en mármol de Carrara el sepulcro de los monarcas, terminado en 1517. A su lado se alza un segundo monumento, del escultor español Bartolomé Ordóñez, para su hija Juana, recordada como Juana la Loca, y su esposo Felipe el Hermoso.
La sorpresa está en la sacristía, hoy un pequeño museo. Isabel pidió en su testamento que se trajeran aquí pinturas devocionales de su propia colección, y se conservan más de 30, sobre todo pequeñas tablas flamencas. Hay obras de Rogier van der Weyden, Dirk Bouts y Hans Memling, el pintor de Brujas, entre ellas el díptico del Descendimiento de Memling. Una pintura italiana destaca entre todas, una Oración en el huerto del maestro florentino Sandro Botticelli. En la misma sala se guardan la corona y el cetro de la reina y la espada del rey Fernando.
