
La historia
Henry Clay Frick hizo su fortuna en el coque y el acero, como socio de Andrew Carnegie y uno de los hombres más duros de la industria estadounidense. Cerca del final de su vida levantó una mansión en la Quinta Avenida de Nueva York para guardar las pinturas de los antiguos maestros que había ido comprando, y dispuso que, cuando su familia ya no estuviera, se convirtiera en un museo público, conservado más como una casa que como una galería.
Ese sigue siendo el efecto. Vermeers, un San Francisco en el desierto de Bellini, un Rembrandt y un Holbein cuelgan en salas revestidas de madera en torno a un patio ajardinado con claraboya, sin cartelas que los agobien, como si el dueño acabara de salir. La casa cerró hace poco para su primera gran reforma en casi 90 años y volvió a abrir en 2025, esta vez mostrando por primera vez al público la planta privada de la familia. Los cuadros siguen colgados donde Frick quiso, en las habitaciones en las que de verdad vivió.
Colección
33 obras
El Paseo en el parque de St. JamesThomas Gainsborough, 1783
El caballo blancoJohn Constable, 1819
Un oficial (probablemente el conde de Teba)Francisco Goya, 1804
Don Pedro, duque de OsunaFrancisco Goya, 1795
Retrato de un hombreFrans Hals, 1660
San JerónimoEl Greco, 1609
El puerto de DieppeJ. M. W. Turner, 1825
Composición en marrón y negro: Retrato de la señorita Rosa CorderJames McNeill Whistler, 1876