
La historia
La colección del Vaticano tiene fecha de nacimiento: en enero de 1506 se desenterró un grupo de mármol en un viñedo de Roma, un padre y sus dos hijos retorciéndose entre los anillos de unas serpientes marinas. El escultor Miguel Ángel corrió a verlo, y el papa Julio II lo compró antes de que acabara el mes y lo puso a la vista. Esa estatua, el Laocoonte, sigue aquí, y es donde empiezan estos museos.
Cinco siglos de papas siguieron coleccionando, y el resultado es uno de los mayores complejos museísticos de la Tierra, recorrido cada año por millones de personas por un único y largo itinerario. Se pasa ante mármoles griegos y romanos, los corredores cubiertos de mapas y las Estancias de Rafael, decoradas al fresco por Rafael para Julio mientras Miguel Ángel trabajaba cerca.
Ese itinerario termina en la Capilla Sixtina. Miguel Ángel pintó su bóveda entre 1508 y 1512, tumbado sobre un andamio, con la creación de Adán tendiéndose a lo largo del techo, y volvió una generación después para cubrir el muro del altar con el Juicio Final. Está prohibido hacer fotografías y un guardia pide silencio, aunque suele haber unos cientos de personas de pie bajo la bóveda a la vez.





