Alexander Roslin

Alexander Roslin

1718–1793 · Suecia · Rococó


La historia

En 1752, un retratista sueco llegó a París y se quedó allí el resto de su vida, hasta convertirse en uno de los retratistas más solicitados de las cortes europeas. Alexander Roslin trabajó para aristócratas en Escania, Bayreuth, Varsovia y San Petersburgo, donde posó para él Catalina la Grande, aunque fue París la ciudad que le dio nombre y lo admitió en la Real Academia.

Su sello eran las telas. La seda, el raso, el encaje y las pieles salen de sus lienzos con un brillo que la clientela pagaba muy bien, y bajo tanta elegancia los rostros siguen despiertos y singulares. El cuadro que la gente recuerda es de 1768, un retrato de su esposa, la pastelista Marie-Suzanne Giroust. La vistió a la moda boloñesa y le puso un velo de encaje negro sobre el rostro, de modo que parece mirarnos a media vuelta. Denis Diderot, filósofo y célebre crítico de los Salones por su agudeza, lo calificó de «très piquante».

Roslin se casó con Giroust en 1759 y la perdió en 1772. Fue una de las pocas mujeres admitidas por derecho propio en la Academia francesa. Siguió pintando hasta la vejez, atravesó los primeros años de la Revolución francesa y murió en París en 1793, cuando el mundo cortesano que había halagado ya se venía abajo.

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Obras

2 obras