
Antoine-Jean Gros
1771–1835 · Francia · Neoclasicismo
La historia
Antoine-Jean Gros se formó con Jacques-Louis David, el severo sumo sacerdote del neoclasicismo, y luego encontró un tema que su maestro nunca tuvo: Napoleón. Viajando por Italia a finales de la década de 1790 conoció al joven general y cayó en su órbita, y durante la década siguiente produjo las imágenes que forjaron la leyenda napoleónica. En Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa mostró al comandante tocando con calma la llaga de un soldado enfermo, sin temor al contagio, como un rey sanador. En la Batalla de Eylau pintó las secuelas heladas de una matanza, con el emperador cabalgando entre un campo de muertos y moribundos.
Aquellos cuadros, llenos de movimiento, color cálido y emoción verdadera, apuntaban directamente al romanticismo de Géricault y Delacroix, que lo admiraban. Cuando David partió al exilio en 1816, le dejó su taller y le encargó devolver la pintura francesa a la pura senda clásica.
Ese encargo lo quebró. Gros pasó sus últimos años esforzándose en fríos temas mitológicos que a los críticos les disgustaban, convencido de haber traicionado a la vez a su maestro y a su propio don. Infeliz en su matrimonio y con mala salud, en 1835 se adentró en el Sena, cerca de Meudon, y se ahogó, con una nota encima en la que decía que, cansado de la vida, le había puesto fin.
Obras
7 obras
Bonaparte visitando a los apestados de JaffaAntoine-Jean Gros, 1804
Bonaparte en el puente de ArcoleAntoine-Jean Gros, 1796
Napoleón en el campo de batalla de EylauAntoine-Jean Gros, 1807
Bonaparte, Primer CónsulAntoine-Jean Gros, 1802
Retrato ecuestre de Joachim MuratAntoine-Jean Gros, 1812
Madame RécamierAntoine-Jean Gros, 1825
La batalla de las PirámidesAntoine-Jean Gros, 1810