
Antoine-Jean Gros · PD
Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa
Ficha
La historia
En 1799, durante la fallida campaña de Napoleón en Siria, la peste se cebó con su ejército en la ciudad de Jaffa. Corrió el rumor de que había mandado envenenar a sus propios enfermos para poder retirarse cuanto antes. Años después, ya proclamado emperador, encargó al Estado una imagen que borrara aquella sombra, y Gros la pintó en 1804. En ella, Bonaparte avanza entre los apestados sin miedo al contagio, se quita el guante y toca con la mano desnuda la llaga de un soldado enfermo, sereno, casi luminoso en medio de los cuerpos moribundos. El gesto no era inocente: durante siglos se había creído que los reyes de Francia podían curar ciertas enfermedades con solo imponer las manos. Gros le presta a Napoleón ese antiguo poder casi milagroso. El lienzo se expuso en el Salón de París pocas semanas antes de que Bonaparte se coronara en Notre-Dame.




