Francisco de Herrera el Mozo
1627–1685 · España · Barroco, Barroco español, Siglo de Oro
La historia
Durante más de un siglo el Prado colgó este retrato en pie de un jefe de artillería bajo otro nombre, el de Francisco Rizi, pintor de corte madrileño. En 2023, mientras preparaba su primera gran exposición sobre Herrera el Mozo, el museo se lo atribuyó a él, y la prueba salió del propio lienzo. Está cortado de la misma pieza de tela que su San Pedro para los agustinos recoletos, una casa de la orden en Madrid, y la pincelada se examinó con luz infrarroja y ultravioleta. El retratado se apoya en una cureña, con balas de cañón a sus pies, y el título del museo mantiene el interrogante sobre él: podría ser Diego de Quiroga Fajardo, caballero de la orden militar de Calatrava que sirvió en Nápoles, y la identificación no está cerrada.
Herrera aprendió a pintar en Sevilla, en el obrador de su padre, Francisco de Herrera el Viejo, de quien se decía que espantaba del taller a sus propios discípulos. El hijo marchó a Roma hacia 1648 y allí vivió del bodegón, con unos peces tan bien pintados que los italianos lo llamaron lo Spagnolo dei pesci, el español de los peces. Volvió con el barroco romano entero en el equipaje, se pasó a los retablos y a las bóvedas de iglesia, y en enero de 1660 figuró entre los fundadores de la academia de pintura de Sevilla, cuya presidencia compartió con Murillo, el pintor más importante de la ciudad.
Después Madrid y una segunda carrera que pocos pintores han tenido. Carlos II lo nombró pintor del rey en 1672 y, en 1677, maestro mayor de las Obras Reales, el arquitecto jefe de la Corona. En 1680 viajó a Zaragoza para dirigir, según sus propias trazas, la nueva fábrica de El Pilar, la gran iglesia de peregrinación de la ciudad, y se quedó casi dos años. Murió en Madrid en 1685 con el cargo de arquitecto todavía en sus manos, y las bóvedas que había pintado al fresco en iglesias madrileñas se vinieron abajo más tarde con los edificios.
