
Johann Rudolf Huber
1668–1748 · Suiza · Barroco
La historia
Hacia 1700, en Basilea, si eras magistrado, comerciante o un príncipe de paso y te hacías un retrato, casi con seguridad posabas ante Johann Rudolf Huber. Se había formado joven, primero con un retratista local y luego en Berna con Joseph Werner, un pintor suizo que había trabajado en las cortes de París y Viena y trajo a casa aquella finura.
Huber convirtió esa formación en algo parecido a una industria. Desde 1683 llevó un registro de cada retrato terminado, el Register der Contrafeit, y cuando lo cerró décadas más tarde la cifra ascendía a miles. Más tarde presumió de haber pintado más de 5.000 cabezas. Entre sus modelos estuvieron el emperador José I, el margrave Carlos Guillermo de Baden-Durlach y el joven Albrecht von Haller, que llegaría a ser uno de los grandes naturalistas de Europa.
Trabajando en Basilea, Berna y las cortes alemanas, Huber se convirtió en el retratista predilecto de la clase dirigente suiza en las décadas del Barroco. El registro que llevó, cliente tras cliente, es hoy una de las mejores fuentes conservadas sobre quién posó para un retrato en aquel mundo, y cuándo.


