Juan Bautista Maíno

Juan Bautista Maíno

1581–1649 · España · Barroco


La historia

En 1620, el rey de España mandó llamar a un fraile dominico para que enseñara a dibujar a su hijo adolescente. El fraile era Juan Bautista Maíno, y el muchacho, el futuro Felipe IV. Maíno había tomado los hábitos siete años antes en San Pedro Mártir, un convento dominico de Toledo, pero el hábito nunca lo apartó de la pintura.

Había aprendido el oficio en Italia, donde pasó su veintena en los años en torno a 1600. Allí asimiló la luz cruda de Caravaggio y el color claro y luminoso de maestros romanos como Guido Reni y Annibale Carracci, y trajo esa claridad de vuelta a España. Su retablo para los dominicos de Toledo, las cuatro escenas de la Pascua hoy en el Prado, tiene un naturalismo a plena luz que lo distinguía del gusto español más sombrío del momento.

Su lugar en la corte le dio un poder discreto. Cuando en 1627 se convocó un certamen para elegir al pintor de un encargo real, Maíno formó parte del jurado y apoyó a un joven forastero de Sevilla llamado Diego Velázquez, que ganó. El lienzo vencedor ardió después en un incendio del palacio, pero aquella decisión ayudó a lanzar al mayor pintor español del siglo.

La obra más conocida del propio Maíno cuelga en el Prado: la Recuperación de Bahía, pintada hacia 1634 para el Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro. Recoge una victoria española en Brasil, y en primer plano una mujer atiende a un soldado herido mientras el general vencedor señala un tapiz en el que Felipe IV aparece coronado de laurel.

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Obras

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