Juan Fernández el Labrador
España · Barroco
La historia
Hubo cuadros suyos en la colección de Carlos I de Inglaterra, y Ana de Austria, reina de Francia, tuvo uno. Del pintor se conoce el apodo, el Labrador, y muy poco más. Nadie ha encontrado partida de nacimiento ni de defunción. Se lo sitúa por su obra, en el Madrid de la década de 1630, y por la lista de quienes le compraban.
A esos compradores llegó por la embajada inglesa. Entre 1629 y 1635 abasteció a sir Francis Cottington, embajador de Inglaterra en la corte de Felipe IV, y al secretario de este, sir Arthur Hopton, que enviaba los bodegones a Inglaterra, algunos como regalo para el rey. Uno de ellos, uvas con membrillos y nueces, se inventarió en la colección real inglesa en 1639 y allí sigue. En febrero de 1635 Hopton insistía al pintor para que probara con las flores, y escribió que, si salían tan buenas como su fruta, su señoría debería encargar algunas.
Vivía lejos de la corte, en Extremadura según el Prado, y sus cuadros viajaban a Madrid sin él. Pintó pocos, casi siempre fruta sobre fondo oscuro, y solo dos se aceptan como suyos con seguridad, uno de ellos un jarrón firmado y fechado en 1636. Cualquier otra atribución, incluidos los cuatro racimos de uvas colgadas del Prado, se apoya en el estilo construido a partir de esa pareja.
