
Cuatro racimos de uvas colgando
Ficha
La historia
De este pintor se dijo que no bajaba a Madrid más que en Semana Santa. Vivía en el campo, lejos de la corte, y sus cuadros llegaban a la capital sin él. Allí los compraban los coleccionistas y, entre 1629 y 1635, los diplomáticos ingleses de la corte de Felipe IV, que enviaban su fruta a Carlos I.
Lo que pintaba era esto. Cuatro racimos colgados de cordeles y sarmientos sobre fondo negro, y nada más. Ni mesa, ni plato, ni paño. Se distinguen tres variedades de uva, cada una en un punto distinto de maduración, y cada grano está modelado por separado en lugar de repetir una misma forma a lo largo del racimo.
Su catálogo sigue abierto. Solo dos pinturas se le dan como seguras, una de ellas un florero firmado y fechado en 1636, y las demás atribuciones, esta incluida, se apoyan en el estilo deducido de aquellas dos. El Prado conserva además un segundo lienzo de cuatro racimos que figura como pareja de este.