
Judith Leyster · PD
Una partida de tric trac
Ficha
La historia
En la Holanda de la década de 1630 los pintores convertían los placeres cotidianos en pequeñas advertencias morales, y Judith Leyster dominaba ese juego. Fue una de las poquísimas mujeres admitidas como maestra en el gremio de San Lucas de Haarlem. Sobre la mesa está el tric-trac, como se llamaba entonces al backgammon, y era una señal: igual que beber y fumar, el juego representaba la pereza y el tiempo perdido. La mujer sostiene una copa de vino y pasa la pipa a su compañero, que te mira con una sonrisa que insinúa una partida de otra clase. Leyster lo ilumina con un foco vivo sobre el fondo oscuro, y la escena de vicio brilla en la penumbra.




