
El cerdo sacrificado
Ficha
La historia
En la República holandesa no había forma de conservar la carne durante el invierno, así que una familia engordaba un solo cerdo a lo largo del verano y lo sacrificaba en el frío del otoño tardío, cuando el propio aire impedía que la carne se echara a perder. A noviembre lo llamaban precisamente el mes de la matanza. Ese es el momento que recoge van Ostade. El cerdo cuelga cabeza abajo de una escalera de mano, abierto en canal y destripado, con el vientre mantenido abierto por un palo corto para que la res se enfríe en la corriente de un granero con techo de paja. Él y su hermano Isaac pintaban esta escena desde comienzos de la década de 1640. Para una casa pobre no tenía nada de sombrío, sino algo tranquilizador, toda la comida del invierno asegurada en un solo animal. Alrededor, el desorden habitual del granero, paja, cubas y sombra.




