
Cristo y la samaritana
Ficha
La historia
El Evangelio de Juan sitúa este encuentro junto a un pozo de Samaria, hacia el mediodía. Cansado del camino, Jesús pide de beber a una mujer del lugar, que se sorprende, porque judíos y samaritanos no se trataban. La conversación pasa del agua del pozo al agua viva y termina con el forastero contándole cosas de su propia vida que no podía saber. Annibale Carracci ya había pintado la escena a principios de la década de 1590, para un palacio de Bolonia. La versión de Viena llega una década después, hacia 1604 o 1605, ya en Roma, y tiene un formato muy distinto, unos 60 centímetros de alto por casi metro y medio de ancho. Perteneció al archiduque Leopoldo Guillermo, gobernador de los Países Bajos españoles por los Habsburgo, que reunió en Bruselas una de las grandes colecciones de pintura del siglo XVII y se la llevó a Viena en 1656. Por esa vía el cuadro pasó a las colecciones imperiales.




