
Cristina de Suecia, reina, a caballo
Ficha
La historia
Antonio Pimentel, enviado de Felipe IV en la corte sueca, pidió a la reina Cristina, antes de dejar Estocolmo, un retrato grande suyo para llevárselo a su rey. Este es el cuadro, pintado por Sébastien Bourdon, a quien Cristina había nombrado su primer pintor de cámara, y fechado por el Prado en 1653 y 1654. El regalo no era una cortesía. Cristina preparaba en secreto la renuncia al trono sueco y su conversión al catolicismo, y España era la potencia que necesitaba de su lado en Roma. Abdicó en 1654. Bourdon la sitúa sobre un caballo bayo que se levanta de manos, con una casaca de montar sin nada de regio y una vara en la mano; detrás, un paje sostiene un halcón encapirotado y tres perros se apretujan en el ángulo. El grande y lanudo lleva un collar de tachuelas con unas letras que se han leído como las iniciales del propio Pimentel. En 1666 el lienzo colgaba ya en el Alcázar de Madrid, en la pieza donde cenaba el rey.


