
Vincent van Gogh · PD
Cabeza de una muchacha
Ficha
La historia
A comienzos del verano de 1888, Van Gogh acababa de instalarse en Arlés, en el sur de Francia, y el calor y la luz lo pusieron a dibujar a un ritmo febril. Había adoptado una pluma de caña cortada de los cañaverales de la zona, que daba un trazo enérgico y quebrado, muy próximo a las estampas japonesas y a los viejos maestros holandeses que tanto admiraba. En unos pocos días de aquel junio realizó una serie de estudios de cabezas de gente sencilla del lugar y envió un grupo de ellos a John Russell, un pintor australiano al que había conocido en París. De ese impulso salió este rápido retrato de una joven. Buscaba un parecido llano, sin halagos, del tipo que dibujaba Daumier, y lo perseguía con trazos breves y veloces antes que con cualquier acabado.




