
Francisco Goya · PD
Interior de una cárcel
Ficha
La historia
Tras una grave enfermedad que, entre el invierno de 1792 y 1793, dejó a Goya sordo, el pintor empezó a hacer una serie de cuadros pequeños para sí mismo y no por encargo, pintados no sobre lienzo, sino sobre láminas de hojalata. Los llamó obras de su propia invención, y sus asuntos se volvieron sombríos: naufragios, incendios, manicomios, bandidos y cárceles. Esta es una de las escenas de prisión. Unas pocas figuras encadenadas se sientan bajo una bóveda pesada, y una única caída de luz por un costado deja el resto de la sala en penumbra parda. No hay delito con nombre ni relato alguno, solo el encierro. Los estudiosos aún discrepan sobre cuándo exactamente lo pintó: unos lo sitúan cerca de aquella enfermedad, en la década de 1790, y otros en los años de guerra posteriores a 1808. Hoy se conserva en el Bowes Museum, en el norte de Inglaterra.




