
Francisco Goya · PD
Saturno devorando a un hijo
Ficha
La historia
Hacia 1820 Goya tenía más de 70 años, estaba sordo desde una grave enfermedad y vivía retirado en una casa a las afueras de Madrid, conocida como la Quinta del Sordo. Venía de pintar los horrores de la guerra contra los franceses y de sobrevivir a la dura represión de Fernando VII. En las paredes de su propia casa, directamente sobre el revoco, pintó una serie sombría que nadie le había encargado y que hoy llamamos las Pinturas negras. Esta es una de ellas: el dios Saturno, con los ojos desorbitados, devora a uno de sus hijos para que ninguno lo destrone, según el mito antiguo. La figura ya no tiene cabeza y el gesto es de pura demencia. Goya no pensaba enseñar estas escenas a nadie. Decoraban las paredes de una vivienda particular. Medio siglo después, en 1874, un restaurador llamado Salvador Martínez Cubells arrancó las pinturas del muro y las pasó a lienzo, y así llegaron al Museo del Prado, donde Saturno cuelga hoy a pocas salas de los retratos de corte del propio Goya.





