
Sandro Botticelli · PD
El último milagro y la muerte de san Zenobio
Ficha
La historia
Hacia 1500 Florencia aún no se rehacía de la caída de Savonarola, el fraile que dos años antes había ardido en la plaza de la Señoría. En ese ambiente sombrío Botticelli, ya mayor, pintó esta tabla alargada dedicada a san Zenobio, el primer obispo de la ciudad. No era un retablo de iglesia, sino una tabla para decorar una habitación, encajada a lo largo de un muro o un mueble. En una sola escena se leen tres momentos: un niño arrollado por un carro, su madre viuda llevándolo a la iglesia y el santo devolviéndole la vida con una oración. A la derecha, Zenobio yace en su lecho de muerte. Las cuatro tablas de la serie se reparten hoy entre Londres, Nueva York y Dresde.




