
Parmigianino · PD
La Virgen del cuello largo
Ficha
La historia
Parmigianino pertenecía a la primera generación de pintores que crecieron después de Rafael, con la sensación de que el equilibrio perfecto ya estaba logrado y de que había que buscar otra cosa. Esa búsqueda se llama hoy manierismo, y este cuadro es uno de sus ejemplos más puros. Encargado en 1534 para una capilla de Parma, quedó sin terminar a la muerte del pintor, en 1540, cuando apenas tenía 37 años. Todo en él estira la naturaleza. La Virgen tiene el cuello largo como el de un cisne, dedos finísimos e interminables, y sostiene a un Niño enorme, dormido, que resbala sobre su regazo con una languidez casi inquietante. A la derecha se abre un espacio imposible, con una fila de columnas altísimas que no sostienen nada y una figura diminuta al pie, muy lejos, fuera de toda escala lógica. Nada de esto es un descuido: Parmigianino buscaba justamente esa elegancia irreal, alargada, un poco fría. En la base, una cartela dejada a medias recuerda que la muerte le impidió acabarlo, y esa columna solitaria sin techo ni edificio sigue esperando, siglos después, un remate que nunca llegó.





