
Varón de dolores
Ficha
La historia
De la estancia de Filippo Lippi en Padua apenas queda nada. En 1434 el joven fraile carmelita florentino está documentado allí, trabajando para la basílica de San Antonio y para el palacio del podestá, el gobernador de la ciudad, y todas esas obras se han perdido. El museo considera esta tabla pequeña como el único testimonio que sobrevive de aquellos años, con un equilibrio poco común entre la pintura del Véneto y la de los maestros toscanos activos entonces en la región.
Mide unos 35 centímetros de ancho y formaba parte de una predela, la franja de escenas menudas bajo un retablo. Cristo muerto se yergue dentro del sepulcro, con la mirada baja y los brazos apoyados en el borde, ante rocas claras y abetos oscuros, en un marco de ocho lados. El museo la llama también Santo Entierro. Llegó en 1911 con la colección de la familia Monga, de Verona.




