
Pietro Perugino · PD
Piedad con Nicodemo y José de Arimatea
Ficha
La historia
José de Arimatea, el discípulo rico que cedió su propio sepulcro nuevo para enterrar a Cristo, está a la derecha con las manos juntas y la mirada pensativa. Al otro lado, Nicodemo, envuelto en un manto verde, sostiene el cuerpo sentado en el borde de la tumba, con los ojos húmedos. No hay paisaje ni más testigos, solo un fondo negro. Sobre el mármol, en letras doradas, se lee en latín Sepulcrum Christi, el sepulcro de Cristo, y en el extremo derecho la firma, Petrus Perusinus pinxit, lo pintó Pedro de Perugia. Perugino hizo esta tabla hacia 1495, los mismos años en que pintaba en Florencia un gran Llanto sobre Cristo muerto, lleno de figuras, para las monjas clarisas de Santa Chiara. El Clark Art Institute de Williamstown, en Massachusetts, cree que pudo presidir el altar de una capilla privada. En algún momento, la pintura se separó de su tabla original y se trasladó a una tela.




