
Francisco Goya · PD
La romería de San Isidro
Ficha
La historia
Treinta años antes Goya había pintado la misma fiesta llena de luz, La pradera de San Isidro, con Madrid al fondo y meriendas junto al río. Esto es lo contrario. Hacia 1819 el pintor, viejo y completamente sordo, vivía solo en una casa a las afueras que llamaban la Quinta del Sordo. En sus muros, para nadie, pintó catorce murales sombríos que hoy llamamos las Pinturas negras, y este es uno de ellos. De la oscuridad avanza hacia ti una procesión harapienta, rostros desencajados, bocas abiertas cantando o aullando, una romería que se parece más a una pesadilla. No había cliente ni encargo, nada que agradar. Décadas después de su muerte los murales se arrancaron del yeso y se pasaron a lienzo, y así llegaron al Prado.




