
Retrato de un fraile en la figura de santo Tomás de Aquino
Ficha
La historia
Una restauración de 1950 sacó a la luz unas letras doradas que zanjaron una vieja duda sobre este retrato: Bene scripsisti de me, Thoma, has escrito bien de mí, Tomás. Son las palabras que, según la tradición, le dirigió un crucifijo a Tomás de Aquino al final de su vida. El hombre sentado ante el escritorio es un dominico representado en la figura del gran teólogo de su orden, en Parma hacia 1550.
Y es alguien concreto. La barba rala, las cuencas hundidas, la nariz afilada corresponden a un rostro que el pintor tuvo delante. Una hipótesis antigua propone al dominico Michele Ghislieri, el futuro papa Pío V. Sigue siendo una hipótesis.
Bajo un repinte oscuro añadido después, el hábito es blanco con capa negra, y durante años eso hizo que se le tomara por un benedictino.