
Retrato de una dama
Ficha
La historia
Hacia 1550, cuando se pintó este retrato, las venecianas se tomaban molestias enormes para ser rubias. El tono codiciado tenía incluso nombre, biondo veneziano, rubio veneciano, y para lograrlo pasaban horas en las azoteas abiertas de la ciudad con un sombrero de ala ancha y sin copa, la solana, que dejaba que el sol aclarara el cabello extendido sobre el ala mientras daba sombra al rostro. La mujer rubia de aquí tiene exactamente ese color de moda. No sabemos quién fue. Licinio le da el sobrio vestido oscuro y la cadena de oro de una esposa respetable, y no una historia, y la sitúa contra un fondo neutro para que nada compita con el rostro. El cuadro llegó a la Accademia en 1850, legado por una noble veneciana llamada Felicita Renier, y hoy cuelga en la Sala VII.



