
Nicolae Grigorescu · PD
Retrato de una niña
Ficha
La historia
Antes de convertirse en el gran pintor de la luz rumana, Grigorescu fue un niño que pintaba para mantener a su familia. Huérfano de padre desde muy pequeño, entró hacia los diez años en el taller del pintor checo Anton Chladek, en Bucarest, donde aprendió a hacer iconos y retratos por encargo. A esos comienzos pertenece este retrato diminuto de una niña, pintado sobre una tabla de apenas 15 centímetros. Se ve la mano todavía escolar de un muchacho atento al parecido más que al estilo, sin rastro aún de la pincelada suelta que lo haría célebre. Eran los años en que pintar no era una vocación declarada sino el modo concreto de ganarse el pan, un icono y un retrato pequeño cada vez.




