
Retrato de un caballero desconocido
Ficha
La historia
Durante mucho tiempo se llamó Tomás Moro al hombre de esta pequeña tabla, el canciller inglés que Enrique Octavo hizo ejecutar en 1535. El rostro no concuerda con el Moro que conocemos por el célebre retrato de Hans Holbein, hoy en Nueva York, y así el viejo nombre se fue apagando en silencio. Lo que queda es la mano que lo pintó: el taller de Holbein en Basilea, activo hacia 1540, cuando el propio maestro era pintor de corte en Londres y el retrato del norte apreciaba justamente esa atención fría y minuciosa. El retratado nos mira de medio cuerpo, con ropa sobria, sobre un fondo liso que carga todo el peso en las facciones. Su nombre se perdió, y sin embargo ese tipo de imagen, el registro sereno de un rostro real, es el que el círculo de Holbein llevó por toda Europa.




