
Joaquín Sorolla · PD
Una investigación
Ficha
La historia
En 1897 Sorolla entró en el laboratorio privado de Luis Simarro, médico madrileño que estudiaba la fina estructura del cerebro, y se puso a pintar allí mismo, volviendo cada tarde para seguir. Simarro contaba en la ciencia española: había traído de fuera los métodos de tinción con plata que permitían a los investigadores, sobre todo a Santiago Ramón y Cajal, ver de verdad una sola célula nerviosa. Sorolla pintó a los hombres inclinados sobre sus instrumentos bajo la luz rojiza y cálida de un mechero de gas, mientras una luz malva del día se apaga en la ventana del fondo. Lo presentó ese mismo año en la Exposición Nacional de Madrid y obtuvo su máximo premio. Nunca lo vendió, ni tampoco el retrato compañero de Simarro ante su microscopio. Ambos quedaron en la familia.




