
Santa Ana con la Virgen y el Niño, Santiago el Mayor y San Roque como intercesores por la humanidad azotada por la peste
Ficha
La historia
Hacia 1515 la peste era algo cotidiano en las ciudades suizas, iba y venía sin aviso, y la gente se encomendaba a ciertos santos en busca de amparo. Para ese miedo pintó Manuel esta imagen votiva, temple ligero sobre tela sin barnizar. Santa Ana aparece con su hija, la Virgen, y el Niño, y a su lado se alzan dos intercesores, el peregrino Santiago y san Roque, a quien se tenía por protector contra la peste y que suele mostrarse descubriendo una llaga en su propia pierna. El grupo se ofrece, como dice el largo y antiguo título, como intercesor por una humanidad asolada por la peste. Más tarde pasó al jurista basiliense Basilius Amerbach, singular entre sus cuadros por su tema católico.




