
El cuerpo de santa Catalina transportado por los ángeles
Ficha
La historia
Un fresco no se descuelga. Está en la pared, y cuando la pared se vende, la pintura se va con ella. En 1821 la Lombardía era austriaca y la finca de La Pelucca, a las afueras de Milán, estaba a punto de ser subastada. Para que las pinturas no se perdieran, un restaurador llamado Stefano Barezzi pasó 1821 y 1822 separándolas del revoque y pasándolas a tablas de madera.
Salieron adelante, aunque repartidas. Hay trozos de aquel conjunto en Londres, en la Wallace Collection, y en Chantilly, al norte de París.
Este venía de la capilla de la casa y lo pintó Luini hacia 1514. Recoge lo que la leyenda sitúa después de la decapitación de Catalina de Alejandría, cuando unos ángeles levantan su cuerpo y lo llevan por el desierto hasta el monte Sinaí, donde un monasterio conserva todavía sus reliquias. Con 228 centímetros de ancho, es de los fragmentos mayores que quedan de aquella capilla.




