
Autorretrato I
Ficha
La historia
Los ojos son lo primero. Marianne von Werefkin pintó el blanco de los ojos de bermellón, con pupilas reducidas a un punto, sobre un fondo azul acero, y gira la cara desde el perfil de tres cuartos hacia nosotros como en un movimiento repentino. Tenía unos 50 años. Hacia 1910 el salón que llevaba con Alexej Jawlensky en la Giselastraße, en el barrio muniqués de Schwabing, reunía a pintores, escritores, bailarines y aristócratas rusos de paso, y sus contemporáneos coincidían en que ella era el centro. El director de museo Gustav Pauli la describió como una especie de emisora de ondas de energía casi físicamente perceptibles. El rojo más cálido de la boca vuelve en el sombrero, que le ciñe el pelo oscuro como una gorra. El fondo verdeazulado y amarillo está pintado con una pincelada que el museo relaciona con Van Gogh. Es temple sobre papel con toques de bronce metálico, y llegó al Lenbachhaus en los años sesenta desde la fundación Werefkin de Ascona.

