
Francisco Goya · PD
Autorretrato en el estudio
Ficha
La historia
Hacia 1790 a Goya le iba bien. Era pintor de la corte en Madrid, todavía a un par de años de la enfermedad que lo dejaría sordo, y aquí fija un pequeño truco de su oficio. Está de pie ante el caballete, a contraluz de una ventana inundada de claridad, vestido para trabajar de noche, y lleva un curioso sombrero alto con unas pinzas de metal en el ala. Allí encajaba velas, para seguir pintando cuando ya no había luz de día y juzgar los colores a la llama. El rostro se vuelve hacia nosotros, recortado por la luz de atrás, mientras el cuerpo queda en sombra. Es una obra menuda, de apenas 40 centímetros, de esas que un pintor de corte ocupado hacía solo para sí.




