
La entrega de las llaves a san Pedro
Ficha
La historia
Fíjense en los dos arcos de triunfo que cierran la gran plaza por ambos lados. Están inspirados en el Arco de Constantino de Roma y entre los dos llevan una inscripción latina dedicada al papa que construyó esta capilla. Leída de corrido, dice que Salomón consagró el inmenso Templo de Jerusalén y Sixto IV consagró este, inferior a Salomón en riquezas pero superior en religión. El templo al que se refiere es la propia Capilla Sixtina, la sala que decora este fresco.
Perugino pintó la pared en 1481 y 1482. En primer plano, Cristo entrega a san Pedro las llaves del cielo, una de oro y otra de plata, rodeado por los apóstoles y, a los lados, por hombres vestidos a la moda de la Roma del siglo XV, retratos de personas próximas a la corte papal. Uno de ellos, el quinto desde el borde derecho, se considera tradicionalmente un autorretrato de Perugino.
Muy al fondo, al otro lado de la amplia plaza enlosada, se desarrollan dos escenas más pequeñas. A la izquierda, Cristo pide a Pedro que pague el tributo del templo, y a la derecha una multitud intenta apedrearlo. Entre ambas se alza un edificio de ocho lados con cúpula, la idea que Perugino se hacía del Templo, flanqueado por los arcos de Constantino.




