
Francisco Goya · PD
La duquesa de Alba y la beata
Ficha
La historia
Goya firmó este cuadrito en 1795, dos años después de quedarse sordo, cuando era ya primer pintor de cámara del rey. No es un retrato oficial, sino una escena casi de broma. La duquesa de Alba, María Cayetana de Silva, tiende un cordón hacia su vieja dueña, Rafaela Luisa Velázquez, apodada la Beata por su devoción. La anciana se echa hacia atrás fingiendo espanto, apoyada en un bastón y blandiendo un crucifijo, como si quisiera conjurar al diablo. Todo ocurre sobre un fondo negro y liso que aísla el gesto y lo deja suspendido. Goya frecuentaba entonces a la duquesa, en cuya casa andaluza se alojaría poco después. La pincelada es rápida y suelta, más de apunte que de encargo. El pequeño lienzo se conserva en el Museo del Prado, en Madrid.




