
Bartolomé Esteban Murillo · PD
El Buen Pastor
Ficha
La historia
Murillo imaginó al Buen Pastor no como un hombre adulto, sino como un niño pequeño: el niño Jesús, de pie con un cayado en la mano y un cordero apretado contra la pierna, mirando al espectador con ojos grandes. Es una imagen de devoción muy del gusto de la Sevilla del siglo 17, tierna y cercana, pensada para conmover al fiel más que para instruirlo. Detrás, entre unas ruinas clásicas, un rebaño de ovejas alude a las almas que el pastor cuida. Murillo lo pintó hacia 1660, en su manera más suave y difuminada, la que le dio fama en toda Europa. El cuadro se conserva en el Prado.




