
Edgar Degas · PD
El jinete herido
Ficha
La historia
Hacia 1896, ya pasados los sesenta, Degas volvió a una imagen que lo había perseguido durante 30 años, la de un jockey derribado por su caballo y tendido en el suelo. Un jinete caído ya lo había pintado en 1866, para el Salón, y había retomado más de una vez aquel lienzo temprano sin llegar nunca a rematarlo. Esta versión tardía es grande, de unos 181 por 151 centímetros, y está resuelta con mano ancha y libre. El caballo, pálido y enorme, se encabrita sobre la pequeña figura oscura de abajo, mientras el campo alrededor apenas se describe, tendido en amplios barridos de pintura diluida. Ni otros jinetes, ni público, ni poste de meta, nada del decorado alegre de sus primeras escenas de carreras. Queda el hecho desnudo de un cuerpo sobre la hierba y un animal que se le ha escapado. Trabajó la superficie hasta bien entrada la década de 1890, y el cuadro conserva ese aire inacabado y buscador de algo a lo que todavía se le dan vueltas.




