
Francisco Goya · PD
La marquesa de Pontejos
Ficha
La historia
Cuando Goya pintó a esta joven hacia 1786, todavía estaba trepando en la corte española, y ella se casaba justo en su centro. Su prometido era hermano del conde de Floridablanca, el primer ministro del rey. Viste lo último del momento, ese aire de pastora suelta que María Antonieta había puesto de moda en Versalles, todo seda pálida, rosas rosadas y cinta blanca, un atuendo que fingía sencillez campestre mientras costaba una fortuna. En la mano sostiene un solo clavel rosa, el viejo emblema de los esponsales, y a sus pies aguarda un pequeño carlino con un collar de cascabeles. Esa luz plateada, de un gris verdoso, es Goya acordándose de Velázquez, cuyos lienzos había estudiado y copiado en la colección real.




