
Jean-Honoré Fragonard · PD
El columpio
Ficha
La historia
Francia, 1767, dos décadas antes de la Revolución, en pleno reinado de Luis XV. Un cortesano, el barón de Saint-Julien, encargó este cuadro con instrucciones muy concretas y muy poco decorosas. Quería ver a su amante en un columpio, empujada nada menos que por un obispo, y a sí mismo tumbado abajo, entre los arbustos, con vista privilegiada bajo las faldas de ella. Fragonard lo pintó tal cual, con un descaro alegre. La joven se mece en un jardín frondoso, de un verde encendido, y en el impulso lanza al aire uno de sus chapines, que sale volando. A la izquierda, una estatua de Cupido se lleva un dedo a los labios pidiendo silencio, cómplice del juego. Todo respira el gusto del rococó tardío, ligero, erótico y despreocupado, el mundo de placer de una aristocracia que aún no imaginaba lo cerca que estaba su final. La luz se cuela entre las hojas y da de lleno en el vestido rosa, el punto más brillante del cuadro.




