
Vincent van Gogh · PD
Jarrón con gladiolos y ásteres de la China
Ficha
La historia
En el verano de 1886 Van Gogh llevaba apenas unos meses en París, viviendo con su hermano Theo, y su pintura estaba cambiando por completo. Venía de Holanda, donde sus cuadros eran los pardos y grises de las cocinas campesinas. En París descubrió a los impresionistas y quiso esa luz para sí. No tenía dinero para pagar modelos, así que compraba flores cortadas y las pintaba una y otra vez. Este es uno de los más de 30 bodegones de flores que hizo en aquel único verano, ejercicios tanto como cuadros. Aquí enfrenta los gladiolos rojos al verde y el naranja al azul, ensayando los pares complementarios que había leído en la teoría del color de Delacroix, un pintor francés al que admiraba. Esperaba, además, vender las flores, cosa que casi nunca ocurrió. Dos años después esa paleta más encendida viajó con él al sur, a Arlés, donde pintó los girasoles.




