
Josef Danhauser · PD
Vino, mujeres y canciones
Ficha
La historia
En el centro, un hombre con pañuelo rojo canta con el vaso en alto, y detrás un violinista lo acompaña. Josef Danhauser reúne en 1839 a una partida de excursionistas ante una casa de campo, en torno a una mesa larga. Era la Viena del canciller Metternich, de censores y policía, donde la burguesía buscaba el placer en privado, en la música doméstica o en una salida al campo. Los extremos de la mesa no se parecen. A la sombra se sienta un solterón ceñudo con sombrero de copa que, según el Belvedere, solo toma agua con azúcar y se queda fuera de la música. Del otro lado, bien iluminada, una familia ha amontonado a sus pies sombreros, chales y cuadros de paisaje. Junto a la puerta, un pintor escribe en la pared un dicho atribuido durante mucho tiempo a Martín Lutero, «Quien no ama el vino, las mujeres y el canto, será un necio toda su vida».