
La historia
En el Museo Naval Central de San Petersburgo se conserva un pequeño velero al que los rusos llaman el abuelo de la flota rusa. El joven Pedro el Grande lo encontró en un almacén cerca de Moscú en 1688 y aprendió a navegar en él, y de ahí nació su idea de una armada. El museo también se remonta a Pedro. Empezó como su Cámara de Modelos, un depósito de maquetas y planos de barcos en el Almirantazgo, mencionado por primera vez en 1709.
Durante siete décadas la colección ocupó la antigua Bolsa, en la punta de la isla Vasílievski, adonde se trasladó en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. En 2013 se mudó de nuevo, a los restaurados cuarteles de Kriukov, construidos para marineros junto al canal Kriukov. Su nombre completo rinde hoy homenaje al emperador Pedro el Grande.
Junto a maquetas de barcos, instrumentos de navegación, trofeos y el trono naval de Catalina la Grande, el museo guarda un amplio conjunto de marinas de Iván Aivazovski, nombrado en 1844 pintor del Estado Mayor Naval. Entre sus lienzos está La batalla de Sinope, la victoria rusa de 1853 sobre una escuadra turca, pintada ese mismo año. Otro, La revista de la flota del mar Negro en 1849, muestra un desfile en la rada de Sebastopol que Aivazovski presenció junto al emperador Nicolás I y que pintó casi 40 años después, en 1886.
