
La historia
En 2022 el Museo de Arte Currier de Manchester, en New Hampshire, compró un pequeño cuadro que llevaba unos 40 años en paradero desconocido. Muestra a un niño sonriente con uvas en el sombrero y es obra de Judith Leyster, una pintora del siglo XVII de Haarlem, en los Países Bajos, de la que se conocen con seguridad menos de 20 obras. En la década de 1950 perteneció al cómico Red Skelton. Después pasó al Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, que lo vendió en 1977, y nadie supo dónde estaba hasta que un marchante neerlandés lo sacó de nuevo a la luz.
El museo nació de un legado de Moody Currier, antiguo gobernador de New Hampshire, y de su esposa Hannah, y abrió en 1929 en un edificio neorrenacentista del estudio neoyorquino Tilton and Githens. La pintura europea y la estadounidense cuelgan una junto a otra. El Puente de Bougival de Claude Monet, de 1869, comprado en 1949, es el cuadro del Currier que otros museos piden prestado con más frecuencia. The Bootleggers de Edward Hopper, de 1925, muestra una lancha motora que se dirige a una casa solitaria en la orilla en los años de la Ley Seca, y el retrato de lady Curzon de John Singer Sargent es del mismo año.
El Currier posee además dos casas del arquitecto Frank Lloyd Wright. La casa Zimmerman, diseñada en 1950, conserva los muebles, el jardín y hasta el buzón que Wright dibujó para ella, y se visita con una excursión guiada que sale del museo.

