
La historia
El museo más antiguo de Polonia nació como un acto de desafío. En 1796, el año siguiente a que Polonia fuera borrada del mapa y repartida entre sus vecinos, la princesa Izabela Czartoryska empezó a reunir reliquias de la nación que se desvanecía y tesoros del arte europeo para mantener viva una identidad polaca en un país que ya no existía legalmente.
Dos de sus adquisiciones lo convirtieron en lugar de peregrinación. Una es La dama del armiño de Leonardo da Vinci, el retrato de Cecilia Gallerani, una joven de la corte de Milán que sostiene un armiño blanco, pintado hacia 1490 y de los poquísimos Leonardos que hay en el mundo. La otra fue el Paisaje con el buen samaritano de Rembrandt.
Un tercero, el Retrato de un joven de Rafael, colgó junto a ellos hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis saquearon la colección. El Rembrandt y el Leonardo acabaron regresando. El Rafael nunca ha aparecido, y su marco vacío es una de las ausencias más conocidas del arte.



