
La historia
En una sala en penumbra del Museo Cívico Ala Ponzone de Cremona, el San Francisco de Caravaggio se arrodilla a solas ante un crucifijo, sin los estigmas que le daban casi todos los pintores. Fíjese en el marco. Lleva un pequeño león alado, el escudo de la familia Ala, y esa es la mejor pista sobre el origen del cuadro. Los especialistas creen que Caravaggio pudo pintarlo para monseñor Benedetto Ala, el gobernador de Roma que en 1605 había permitido al pintor llevar espada. Un año después Caravaggio mató a un hombre en una pelea en Roma y huyó de la ciudad.
El apellido Ala recorre todo el museo. En 1842 el marqués Giuseppe Sigismondo Ala Ponzone, coleccionista y estudioso de los insectos, donó su colección a Cremona, y a ella se sumaron obras de iglesias y conventos suprimidos. Desde 1928 ocupa el Palazzo Affaitati, un palacio del siglo XVI en el centro de la ciudad. Las salas siguen a los pintores de Cremona, de Boccaccio Boccaccino a la familia Campi, y una de ellas guarda un armario de taracea hecho para la catedral en la década de 1470 por el ebanista conocido como il Platina.
El otro cuadro que atrae a la gente es El hortelano de Giuseppe Arcimboldo, una pequeña tabla de hacia 1590, pintada cuando el artista milanés ya había vuelto de la corte imperial de Praga. Colgado en un sentido, es un cuenco con cebollas, nabos y setas. Puesto del revés, el cuenco se convierte en un casco sobre la cara redonda y sonriente de un campesino.

