
La historia
En la década de 1920 un equipo de restauradores subió a remotas iglesias en lo alto de los Pirineos catalanes y arrancó los frescos medievales de sus muros. Las pinturas se estaban vendiendo al extranjero pieza a pieza, y despegarlas enteras y llevarlas a Barcelona fue la forma que eligió Cataluña de conservarlas. Recompuestas sobre soportes curvos con la forma de los ábsides originales, constituyen la mejor colección de pintura mural románica que existe.
La que todos vienen a ver es el Pantocrátor de Sant Climent de Taüll, pintado hacia 1123, una figura severa de ojos muy abiertos dentro de una almendra de luz que artistas catalanes posteriores, Miró entre ellos, trataron casi como un emblema nacional.
Todo ello llena el Palau Nacional, el enorme palacio con cúpula levantado en la montaña de Montjuïc para la Exposición Internacional de 1929, a una escala más propia de una coronación que de un museo. Pasadas las salas románicas, la colección continúa con retablos góticos, un Velázquez y un Zurbarán, y toda una planta de Modernismo catalán obra de los contemporáneos de Gaudí.
Colección
33 obras
El BucintoroCanaletto, 1745
Retrato de un caballeroJacopo Tintoretto, 1554
Bodegón con membrillosFrancisco de Zurbarán, 1633
Aparición de la Virgen del PilarFrancisco Goya, 1775
La Virgen y el Niño con Santa Isabel y el joven San JuanPedro Pablo Rubens, 1618
San Juan Bautista y San Francisco de AsísEl Greco, 1600
Saint-Mammès. Sol de junioAlfred Sisley, 1892
Bodegón con cuatro vasijasFrancisco de Zurbarán, 1635