La historia
Una joven noble genovesa, Caterina Balbi Durazzo, nos mira desde un retrato de Antón van Dyck, pintado en la década de 1620, cuando el pintor flamenco pasó varios años trabajando para las grandes familias de banqueros de Génova. Sus dos apellidos son también los de las dos primeras familias que poseyeron el palacio donde hoy cuelga.
Los Balbi, una dinastía de financieros, comenzaron el edificio en 1643 en la Via Balbi, la calle que había trazado su familia, y lo terminaron hacia 1650. Más tarde, en ese mismo siglo, pasó a los Durazzo, que lo ampliaron y con el tiempo decoraron su sala más célebre, la Galería de los Espejos, inspirada en las galerías de los palacios romanos y en Versalles. En 1824 el rey Carlos Félix de Cerdeña, de la casa de Saboya, lo compró como residencia real, y de ahí su nombre de Palacio Real. Los Saboya añadieron un salón del trono, una sala de audiencias y un salón de baile, y en 1919 el rey Víctor Manuel III cedió el palacio al Estado italiano.
Hoy los visitantes recorren los apartamentos reales amueblados, entre más de 100 pinturas, con obras de Tintoretto, Guercino y Luca Giordano. Van Dyck aparece una segunda vez con un gran Cristo en la cruz, y el jardín colgante del palacio se asoma hacia el puerto.
