
Guercino
1591–1666 · Estados Pontificios · Barroco
La historia
Giovanni Francesco Barbieri tenía un ojo bizco, y aquello lo acompañó toda la vida convertido en nombre: todos lo llamaban Guercino, el bizco. Formado en buena parte por su cuenta en la pequeña ciudad de Cento, llegó a Roma en 1621 como un talento natural con un don para el dramatismo.
Su momento llegó rápido. Para el nuevo papa, Gregorio XV, pintó el techo de la «Aurora» en el casino de un jardín, abriendo el cielo de forma tan convincente que la diosa del alba parece conducir su carro justo por encima de la cabeza del espectador, con la arquitectura pintada fundiéndose en el espacio real. Es la ilusión del primer Barroco a pleno rendimiento, oscura, cálida y atrevida.
Cuando el papa murió en 1623, Guercino regresó a Cento y, con los años, enfrió su estilo, cambiando las sombras profundas y los escorzos audaces por una luz más clara y poses más calmas, cercanas a las de su rival Guido Reni. Llevó un taller activo y bien organizado y mantuvo cuidadosos libros de cuentas, que se conservan y todavía nos dicen cuánto cobraba por cada encargo.
Obras
12 obras
Abraham expulsando a Agar e IsmaelGuercino, 1657
La resurrección de LázaroGuercino, 1619
Et in Arcadia egoGuercino, 1618
Sansón y DalilaGuercino, 1654
La muerte de DidoGuercino, 1630
Marte, Venus y CupidoGuercino, 1633
El martirio de Santa CatalinaGuercino, 1653
La muerte de CleopatraGuercino, 1648
La Asunción de la Virgen MaríaGuercino, 1623
La circuncisión de CristoGuercino, 1646
Jacob bendiciendo a los hijos de JoséGuercino, 1620
Música en un paisajeGuercino, 1617