
La historia
En mayo de 1961, la nueva primera dama, Jacqueline Kennedy, visitó una mansión en las colinas de Delaware y salió de allí con ideas para la Casa Blanca. Su dueño, Henry Francis du Pont, heredero de la fortuna química de los du Pont, presidió después su comité para restaurar la residencia presidencial. Lo que ella había visto era la obra de su vida, Winterthur, una casa de 175 habitaciones llena de muebles, platería, cerámica y textiles fabricados o usados en Norteamérica entre aproximadamente 1640 y 1860.
Du Pont coleccionaba habitaciones enteras junto con su mobiliario. Compraba revestimientos de madera, chimeneas y escaleras de casas antiguas de toda la costa este y los volvía a montar en su propia casa, para que cada objeto estuviera en un ambiente de su época. En 1951 se trasladó a una casa más pequeña de la finca y abrió la mansión como museo. Hoy la colección reúne unos 90.000 objetos, y los visitantes siguen recorriendo las salas casi como él las dispuso, con un jardín de unas 24 hectáreas diseñado por él mismo al otro lado de las ventanas.
Entre las pinturas hay una cuya mitad vacía cuenta una historia diplomática. Benjamin West, pintor de historia nacido en Norteamérica y afincado en Londres, empezó un retrato de grupo de los comisionados estadounidenses que negociaron la paz con Gran Bretaña en 1783. John Jay, John Adams, Benjamin Franklin, Henry Laurens y el nieto de Franklin, William Temple Franklin, ocupan el lado izquierdo. El derecho, reservado a los negociadores británicos, quedó vacío porque se negaron a posar, y du Pont compró el lienzo inacabado en 1948.
El nombre de la finca es anterior al museo. Procede de la ciudad suiza de Winterthur, tierra de los antepasados de James Antoine Bidermann, que se casó con una du Pont y bautizó la propiedad en la década de 1830.
